miércoles, 9 de julio de 2008

Claes Barbier me mira fijamente. Es un buen tipo. Sabe que no soy músico. Podríamos ser de esos amigos entrañables, de esos que son como hermanos, si es que él no fuera él y yo no fuera yo. Recita un monologo donde alguien dice que va a suicidarse. Pasa por una crisis. Yo fumo. Sigue mirándome fijamente. O yo renuncio a mi cigarro, o él a su monologo. Cede y me deja solo.
- ¡Hey!... ¿Tienes un cigarro?
- Sí.

Me habría gustado decir que no. Aunque me asalten, llegaron en un buen momento. Los dos tipos con pinta de delincuentes juveniles me sacaron de mis pensamientos sobre desertar de mi novela (osea, de la vida misma) Les debo un favor, asi que en vez de uno, les regalo dos cigarros.

- Para tu amigo.

Soy desgradablemente (ese es mi objetivo) cortez por regla general, no obstante ahora es por obligación. Trato de no mostrar mi miedo, aunque de verdad me intimidan. Una vez me dijieron que los animales lo huelen, supongo que de ahí mi afan por controlar mis ansias de correr. Evaluo las posibilidades de intercambiar golpes, pero las probavilidades de victoria son practicamente nulas. Mi fingida cortesía los sorprende –yo soy un mentiroso relativamente aceptable, a diferencia de las actuaciones de Rita- y se entabla el dialogo.

- ¿Tienes fuego?
- Claro
- ¿Qué tienes en esa maleta?
- Un Saxfone
- ¿Eres músico?

Se van. Seguramente pensaron que no tenían nada que robar a un pobre diablo como yo. Se equivocan, tenía un par de billetes en mi bolsillo, pero no soy tan amable como para advertirles.
Llega el autobús. Saludo al conductor. Él, al igual que la mujer de la tabaquería de hace unos días, también piensa que soy un tipo raro, pero está algo más acostumbrado: me ha visto antes.

El aire está viciado. La gente obesa de ropa y pan da la impresión de que el bus está lleno, aunque aún quedan asientos. Si bien objetivamente no es real, el hacinamiento de carnes y vapores me hace sentir como si esa gente anónima –al igual que yo- estuviera encima de mi. Me pesan. Pareciera que el rugir del motor no fuera otra cosa que los pensamientos de todos ellos. Me confunden. Lo escucho todo, pero no entiendo nada. Me pregunto si ellos escuchan mis cavilaciones. ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? ¿Alguien me escucha? ¿Alguien oye estas preguntas?

lunes, 7 de julio de 2008

…Después del bip. Biip.

- ¿Juan José?

Rita no cuelga. Llama para pedirme perdón, pero termina culpándome por todo. Yo soy un insensible, no la entiendo. Dice que solo quiere ayudarme, pero que yo insisto en ser hostil con ella. Cuelga enojada de nuevo. La lucecita roja de la contestadora comienza a pestañar. Me incorporo del sillón y rebobino la cinta. Ahí está Rita otra vez, clamando por delicadeza e insultándome. La única diferencia es que ahora no estará al otro lado de la línea si es que levanto el teléfono. Eso me hace sentir terriblemente solo. Rebobino la cinta otra vez. Ahí está Rita nuevamente. Cada vez estoy más seguro de que efectivamente el tiempo no pasa con ella. Me emborracho. Rebobino la cinta y dejo sus quejas como música de fondo.

- ¡Sabía que trabajabas en algo!

Rita se ve radiante. Quizás no sepa fingir enfado, pero felicidad lo hace estupendamente. También puede ser que sea realmente feliz con algo tan nimio como que yo le hable de mi trabajo. Si es así, creo que la envidio un poco. No, mucho. Por suerte es una envidia entre amigos.

- Es una novela
- ¿Cómo? ¿No es un poemario? Pensaba que solo escribías poesía.

Suspira con algo de desilusión. No sé que es lo que la defrauda tanto. Por una parte ella sabe que no solo escribo poesía, muchas veces se ha ofrecido a mecanografiar mis cuentos. Por otro lado, siendo sincero, lo único que no escribo es poesía. Solo la vomito, y eso no es escribir, es vomitar.

- ¿Y de qué se trata?
- No sé

Otra vez la mirada de desaprobación.

- Es en serio.
- Te encanta hacerte el interesante…

No es verdad. Me agrada Rita, pero cuando estoy con ella todo se repite al pie de la letra. Peleamos. Para combatir la monotonía esta vez pagué yo.

La puerta se abre. Bajo del autobús. La noche parece más oscura de lo normal. La gente camina como si huyera de algo. Caminan agazapados, como si llevaran cosas de valor. No sé porque, pero me siento ridículo. No hay vereda. Piso una posa de agua. Metí la pata hasta el fondo. Un pie está seco, pero el mojado demanda mi atención. Es un pie egoísta, porque a mi me gustaría pensar en mi otra extremidad (para sentirme seco, y no mojado).

Llego a un lugar iluminado por luces de comercio. Es una luz fría. Quiere dar la sensación de limpieza, pero la iluminación es tan blanca, que lo único que hace es resaltar la suciedad del entorno. El barro genera un contraste grotesco con estas luces equidistantes entre lo angelical y médico. Camino por el estacionamiento, y entro en una tabaquería. No quiero comprar cigarros.

-Buenas noches
-¿Qué desea?
-¿Cómo está?
- …Bien ¿Qué desea?

La vendedora piensa que soy un tipo raro. Pago. Camino al paradero mientras me meto un dulce de menta en la boca. Lo inmovilizo con la lengua, fijándolo al paladar… ojala fuera igual de fácil con los pensamientos; cuando el dulce está fijo uno casi no siente su sabor en la boca.

Me confieso: Soy un charlatán. No soy escritor y ni siquiera tengo ideas para escribir.

Basta. Hablemos de mí. Si escribo una novela, el personaje sería yo. Es cierto, parece un poco ególatra. Supongo que no tengo opción. En verdad podría ser una novela policial o de cualquier otro tipo, pero no quiero. Escribiré todo eso después, pero ahora no me place, así que se tratará de mí.

Ya tengo tema: Yo.

El personaje si será escritor. Escritor de verdad. Escribirá una novela también. También se tratará de mí. Ósea, de él. Y él también escribirá ¿Es necesario seguir? Quizás ni siquiera me doy cuenta, pero yo mismo puedo ser un personaje de un escritor, o no escritor, que escribe sobre si mismo. Al menos no soy la versión del personaje en la mente de uno de los escritores-personajes que muere en este preciso instante ¿o sí?... aargh!... Era una broma. Tengo un sentido del humor bastante curioso. Genial, además de ser ególatra, me hicieron con personalidad múltiple.